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viernes, 30 de octubre de 2009

Hasta siempre, blogspot

-¿Qué es esto?
-Tu liquidación.
-Pero si todavía faltan dos semanas...
-No sé yo. Tienes que firmar ahí.
-No pienso firmar: aquí dice que me despiden por incumplimiento de contrato.
-Yo no sé nada, pero tienes que firmar.

Por supuesto, no firmo ni una mierda. Voy a buscar a mi jefe para que me explique qué pasa. Pero el muy cobarde no está en su oficina, ni en ninguna parte. “Está en una reunión muy importante con uno de nuestros clientes”, me dice su secretaria. Le estiro la lengua y averiguo que, además, se llevó a mi reemplazo, el que estaba entrenando. Así es que sumo dos más dos y pienso que más de algún abogado estaría feliz de llevar mi caso a la justicia laboral... Sobre todo ahora que la reforma penal llegó a Santiago.

Más adelante pensaré en eso. Por ahora, tengo asuntos que cerrar en la empresa (no me pienso ir antes de que se cumplan las tres semanas desde que di el aviso), contactos que afianzar y mucho trámite legal que hacer para poder abrir la empresa que estamos creando con Angie, Óscar y Andrea.

Las cosas se han precipitado en la empresa: desde que se supo que me iba, todo el mundo me mira como un bicho raro. Pero al final, todos los que han trabajado conmigo me felicitan por mi decisión y me dan ánimos para emprender mi nuevo camino. Algunos incluso me confiesan que tienen ganas de renunciar desde hace tiempo, pero no se atreven.

Pero la sorpresa más grande me la llevé cuando mi Némesis (que esta última semana se ha quedado con todos los trabajos que me habrían correspondido a mí) se acercó ayer a mi oficina y me preguntó, sin rodeos, por qué me iba. Y le conté. Su respuesta no se hizo esperar.

-Guau, Anaís... Me... Parece muy valiente de tu parte.
-Es decir, lo encuentras una mala idea.
-No, para nada. Tiene mucho sentido. Además, te he visto trabajar: siempre sabes muy bien qué quieres y cómo conseguirlo. Te va a ir muy bien como independiente. Estoy segura.
-Gracias, Cata.

Estaba a punto de salir de la oficina cuando se dio vuelta y agregó:

-Oye... Y si... necesitas una socia... Bueno, no sé. Considérame como una posibilidad. ¿Vale?

Me quedé muda unos segundos. Alcancé a murmurar un incomprensible “gracias” y se fue.

Me queda tanto por vivir, tanto por hacer... Y tan poco tiempo. También podría contar acerca de Aníbal, que estamos saliendo más seguido, que me está aconsejando en la parte logística y que está haciéndome contactos en la empresa donde trabaja. Es algo extraño esto que estamos armando, como un gólem que cada día toma más forma y fuerza, como una bola de nieve creciendo bajo mi control.

Necesito crecer, necesito espacio y tiempo para dedicarlo a mi vida y, desafortunadamente, siento que reflexionar tanto sobre mi vida en este diario me quita energías para vivirla.

¿Es posible eso? ¿Que los escritores sean personas que viven sus vidas a través de sus escritos, de sus personajes porque son incapaces de hacerse cargo de sus propias vidas?

Todos estos meses que llevo escribiendo este diario siento que he vivido más como un personaje que como persona. Que las historias que relato tienen más vida que mis recuerdos. Por ejemplo Simón, que no es más que un accidente en mi vida amorosa, cobra en mis escritos una importancia desmedida. A veces me da vergüenza revisar lo que he escrito y leerme tan melodramática, tan autocompasiva... Y me da pena ver que a las cosas y personas que realmente me importan (las onces familiares, mi papá, Óscar, Andrea, Aníbal) les dedico apenas un par de oraciones o un post efímero.

Quizás por eso he estado escribiendo menos estas últimas semanas.

No sé, lo único que tengo claro es que ya no me siento tan motivada como cuando empecé a escribir, leer otros blogs, responder mis comentarios. Y no es porque no me guste leerlos a ustedes o porque me aburran. Me siento feliz de haberlos conocido, de haberlos sentido tan cerca mío en esta aventura de pocos meses, y seguiré leyéndolo(a)s como siempre. Pero ya no escribiré más en este blog. Y me duele decirlo, porque he conocido a personas maravillosas en este mundo del blog y sé que, aunque trate de no perder el contacto, inevitablemente nos iremos alejando.

Es por ello que quiero enviar un abrazo muy fuerte a quienes me han seguido desde el principio: Blanky, Señorita Morfina, Pau (Señorita Templaria), Beetlejuice Girl, Michelle, Nina Giordano, Saruki, Sandra y, por supuesto, San (Corazón de Nuez), José Carlos y Leslie Miranda. Tampoco puedo dejar de lado a algunos que se sumaron más tarde, pero que he sentido muy cerca mío: Mely, Floripondia, Francisca, Polin, una Nadia, Guadyx...

Podría dedicar una entrada entera a agradecerle a todos los que han pasado por mi blog a mis 56 seguidores y a todos los que me han dejado mensajes hermosos. Me han consolado cuando he estado mal, han celebrado mis alegrías y, sobre todo, me han aceptado y me han querido como soy, con mis grandes defectos, mis tonterías y mis desvaríos.

Me duele terminar este diario, esta tribuna donde tantos me han leído y yo he leído, pero alguien muy sabio me dijo una vez que para que las cosas terminen bien, hay que ponerles un punto final y no hacerle alargues innecesarios (¡Aprendan, guionistas de teleserie!). Si no, lo hermoso es tragado por la indiferencia, por la amargura de tener al muerto pudriéndose en la habitación cuando podría estar enterrado y haberse convertido en un bello recuerdo.

Así es que para cerrar, con el punto final que corresponde para este diario, pero que es sólo un punto seguido en la vida de Anaís Sandiego, les dejo este hermoso cuento de Cristina Peri Rossi.

Un abrazo a todos. Los llevaré siempre en mi corazón.

Con amor,



 
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