Mostrando entradas con la etiqueta Jotes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jotes. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2009

Un buen almuerzo

Desde el lunes que ando con una cara de poto indisimulable. Paso alternativamente por momentos depre, en los cuales me pueden decir que hay un incendio en el edificio y me daría lo mismo, y por períodos rabiosos en los cuales lanzo rayos por los ojos y gruño a la menor provocación.

En la empresa trabajan dos de mis mejores amigas y me resultó curioso ver cómo se comportaban a raíz de mi comportamiento. Andrea, mi amiga seria y anti-hombres, trató de ignorarlo y actuó como si fuera un día cualquiera con una Anaís bien, gracias. Angie... bueno, ya saben lo que ocurrió con Angie y sus consejos psicológicos poco apropiados para la ocasión.

Gracias a Dios que tengo a Óscar, pues siempre puedo contar con su abrazo y su eterna paciencia para escucharme. De puro tonta no recurrí a él desde un comienzo, debe ser esa tontera que a veces nos da por pensar a las mujeres que dice que entre nosotras nos entendemos mejor. La verdad yo creo que me siento más cómoda con Óscar... aunque claro, él tampoco es lo que se llama un hombre...

Ellos son mis más cercanos, mi grupo de contención, a los que siempre recurro primero. Sin embargo hoy día me pasó algo muy lindo y que me hizo darme cuenta de un par de cosas: a veces a los más cercanos, ya sea porque te conocen mucho o pasan demasiado tiempo contigo, les cuesta darse cuenta de cosas esenciales.

Andrea, por ejemplo, que minimizó mi problema y seguro lo echó al saco de los “típicos rollos de la Anaís” sin tener muy en claro de qué se trataba, o Angie que comenzó a darme consejos como si eso fuera lo que necesitara (por lo menos no en ese momento).

En cambio, hoy en la mañana comencé a conversar con Martín, un antiguo compañero de colegio a quien reencontré gracias a Facebook, por msn y le conté resumidamente mi drama. Inmediatamente me consoló, me dijo palabras tiernas y me invitó a almorzar (trabaja relativamente cerca). Increíble cómo me alegró el día ese hombre.

Es cierto, es un poquito jote para sus cosas y más de una vez he pensado en borrarlo de mis contactos, pero juro que hoy día me hizo bien. No me preguntó más de lo que debería haber preguntado ni escarbó en la herida. Hizo algo mil veces mejor: me hizo sonreír.



 
^

Powered by BloggerEl Diario de Anaís by UsuárioCompulsivo
original Washed Denim by Darren Delaye
Creative Commons License