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lunes, 25 de mayo de 2009

¿Es lo que me imagino?

- No es lo que te imaginas – me dijo el muy desgraciado, dándome a entender que era exactamente lo que yo me había imaginado desde un principio.

Hice lo que se supone que debe hacer toda mujer inteligente, progre, independiente y todas esas cosas que les encanta decir a las minas que están pegadas con algún tema: lo llamé.

Lo ensayé mil veces en voz alta y hasta frente al espejo, como si me fuera a estar mirando desde el otro lado de la línea telefónica. Quería que me escuchara lo suficientemente relajada y buena onda como para que pensara que soy una mina moderna, cero rollos y evolucionada, pero a la vez sonar decidida y fuerte.

- ¡¿Quién chucha era esa mina con la que te vi en El Bosque?!
- ¿Cómo?
- El lunes pasado, en un café de El Bosque. Te vi, no te hagai el tonto– mi máscara de mina ‘pro’ ya había mostrado la hilacha.
- ¿Estás segura de que era yo? Porque justo ese día tenía una reunión...
- ¡Bonita tu reunión! ¡Supongo que estaban haciendo un b2b! – no sé si fue en este preciso instante cuando mi dignidad se hizo humo o en realidad se había tomado vacaciones desde el momento mismo en que tomé el teléfono para llamarlo.
- ¡Ahhhh... tú te refieres a la Patty! – me dijo fresco como una lechuga
- ¡¿La hamburguesa?! – risa nerviosa de ‘estoy a punto de asesinarte’.
- Anaís, déjate con esas tonteras de cabra chica, ¿quieres? No es lo que te imaginas…
- ¿Ah no? Entonces ¿qué demonios es? - articulé a duras penas, tratando de pasar de sonar lo más compuesta posible.

Había esperado una semana por una respuesta medianamente coherente y ante mí tenía al tipo más patudo del mundo, creo que hasta lo veía sonreír a través del teléfono sin una pizca de algo parecido al arrepentimiento.

Tres días atrás probablemente mi reacción habría sido mucho más sentimental, apelando a un ‘nosotros’ cada vez más lejano, sin embargo ahora lo que me dominaba era la ira. Ojalá lo hubiese tenido justo frente a mí para sacarle los ojos...

- Patty es la modelo con la que estoy trabajando para el nuevo comercial de la compañía... tú sabes... Business are Business... jeje – rió. Él se reía de lo que para mí era un drama. Una tragedia.
- Ah, la modelo... ¿y qué tenías que estar tú coqueteando con la modelo en un cafecito?
- No estaba coqueteando con la modelo, Anaís. Estábamos conversando sobre el comercial, qué era lo que queríamos de ella... tú sabes...
- No, yo no sé nada. Explícame.
- ¿Sabes qué más? Tus celos de pendeja me cansaron.

Me colgó. Y yo me quedé como una tonta, con el teléfono en la mano, con mil preguntas y otros mil reproches en la boca...



 
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